miércoles, 27 de junio de 2012

el petroleo de el presidente actual


2. LA POLÍTICA PETROLERA DEL
GOBIERNO CHÁVEZ
A partir de 1999, el gobierno Chávez se apartó de la política de apertura petrolera deslindándose de la lógica del “libre mercado” para conducir la política petrolera. Su gobierno contempló una política tendiente a controlar la oferta de petróleo y a recuperar de la renta petrolera mediante el establecimiento de un margen mínimo de participación del Estado en los proyectos hidrocarburíferos y a través del incremento de regalías.
 
La nueva constitución de 1999 determinó que la totalidad de las acciones de PDVSA son del Estado venezolano, impidiendo con ello su privatización parcial o total. Posteriormente, en noviembre de 2001, fue expedida la ley orgánica de hidrocarburos que definió un tope mínimo de participación del Estado en la explotación petrolera e incrementó la regalía, además estableció la obligatoriedad de mudar al nuevo régimen jurídico los contratos suscritos entre la estatal PDVSA y las compañías privadas en el marco de la política de apertura petrolera.
 
Esta política fue acompañada mediante la reestructuración de la OPEP a fin de restringir la oferta de petróleo y presionar el alza de los precios. La unidad de los países petroleros en torno a este propósito quedó avalada durante la segunda Asamblea cumbre de la organización en septiembre de 2000 en Caracas. Las acciones de los once países de la OPEP surtieron efectos positivos y convergiendo con otros factores como la especulación financiera y la invasión a Irak, empujaron al alza los precios del petróleo.
 
En 1998, el precio del barril se encontraba en 11,2 dólares, en 1999 se incrementó a 14,3 dólares y en el año 2000 llegó a 23,3 dólares.
 
En el curso de seis años el precio del barril de petróleo sobrepasó los 100 dólares. El incremento de la extracción petrolera, que venía desde el año 1990, se frenó en el año 2000 y después del año 2002 hubo una tendencia al establecimiento de márgenes inferiores a los tres millones de barriles diarios.
En cuanto a la recuperación de la renta petrolera, ésta se posibilitó mediante la fijación de un mínimo de participación del Estado en los proyectos de explotación hidrocarburífera y a través del incrementó de la regalía.
 
La legislación fijó un mínimo de 51% para la participación estatal en los proyectos de exploración y explotación petrolera, admitiendo la intervención de compañías transnacionales mediante la conformación de empresas mixtas en las que su participación puede llegar hasta el 49% en las fases de exploración y explotación.
Sobre la participación privada en las actividades denominadas como de “aguas abajo”, como son la refinación, el transporte y la comercialización, la legislación no estableció límite.
La regalía fue fijada en 20% para la explotación del gas natural y 30% para los hidrocarburos líquidos. La ley determinó que en el caso de yacimientos que presentan mayores dificultades para la explotación como los de petróleo extrapesado de la faja del Orinoco, la regalía puede ser rebajada hasta quedar en un límite de 20%. La tasa puede restituirse dependiendo de la rentabilidad de los proyectos y puede ser usada como parámetro de subasta, de manera que pueden obtenerse por esta vía tasas más altas. La regalía puede ser pagada por el explotador del recurso hidrocarburífero con base en el valor de mercado, en un valor convenido, o en un valor fiscal fijado por el liquidador.
El incremento de la regalía contrastó con la reducción de la tasa impositiva para el petróleo convencional, de 67,7% a 50%, consagrada en la nueva ley de impuesto sobre la renta de diciembre de 2001. Para el petróleo extrapesado de la faja del Orinoco se conservó la tasa fijada para actividades no petroleras de 34%. Según el Ministerio de Energía y Minas, estas medidas buscan compensar los niveles impositivos apuntan a la recuperación de una parte de los recursos que se perdieron.
 
De acuerdo con Bernard Mommer, el gobierno reconoció que las regalías son más fáciles de controlar ya que no puede producirse ningún barril sin pagar la regalía. En este sentido, la regalía hace coincidir los intereses del dueño del recurso natural con los del inversionista. Ambos, dueño e inversionista ganan y pierden con precios y volúmenes. Lo que no sucede con el impuesto sobre la renta, ya que la empresa puede realizar operaciones contables para disminuir los montos base de la tributación. Para corregir esa situación, se fortaleció la capacidad del Ministerio de Energía y Minas para determinar “precios justos de mercado” con propósitos impositivos e ignorar precios de transferencia más bajos.
 
La política petrolera del gobierno Chávez si bien detuvo el avance las tendencias neoliberales, guardó continuidad con respecto a la tendencia de exacción histórica de la renta por parte del capital transnacional. Al-Shereidah destaca que al aceptarse la conformación de empresas mixtas se permite el desenvolvimiento de la apertura petrolera que se quiso contrarrestar. En sentido similar, Mommer plantea que el panorama general de la política de hidrocarburos es más de reforma y continuidad que de cambio radical.
La apertura petrolera ha sido el modelo vigente a lo largo de la historia de la explotación de este recurso, y las variaciones introducidas en las modalidades jurídicas (concesión, asociación, empresas mixtas) han introducido cambios superficiales en la forma en que ésta se ha adelantado.
A pesar de estos cuestionamientos, los citados analistas reconocen los importantes cambios operados en aspectos como: la defensa de la renta petrolera para el Estado a través del incremento de la regalía; la defensa del precio del petróleo por medio del control de la oferta; la búsqueda por la diversificación de mercados; el apoyo al proceso de integración energética latinoamericana, y el impulso de proyectos orientados a la redistribución de la renta petrolera mediante la financiación de programas sociales por parte de la estatal PDVSA.
 
La política petrolera emprendida por el gobierno Chávez reconoció el papel del capital privado en el sector petrolero; sin embargo, al soslayar la soberanía estatal y defender el interés nacional en el reparto de la renta, produjo un conjunto de reacciones adversas por parte de las compañías transnacionales y el sector privado nacional, aliado de las compañías. El golpe de Estado de abril de 2002 y el paro empresarial petrolero de febrero de 2003, fueron originados principalmente por la afirmación de una política petrolera que reivindicó la soberanía y los
intereses del Estado nacional ante el avance de las tendencias monopólicas representadas por la globalización neoliberal. La política petrolera del gobierno Chávez fue de gran significación para la recuperación fiscal del Estado. La mayor parte de las empresas que firmaron acuerdos en el marco de la apertura petrolera, aceptaron las nuevas reglas. El alza acelerada de los precios internacionales del petróleo trajo para la estatal PDVSA una gran bonanza que le permitió un importante flujo de recursos financieros al ejecutivo. “Desde el 2000, el petróleo ha aportado en promedio más del 51% del total de los ingresos fiscales nacionales. En 2006, éste aporto el 56% de tales ingresos”. El petróleo representó el 77% del total del valor de las exportaciones venezolanas en 1997; en 2006, representó el 89%. En 2006, el gobierno nacional recibió de la estatal petrolera 39 mil millones de dólares, un 44% más con respecto a los 25 mil millones trasferidos durante el año 2005. Cerca de un tercio del aporte de 2006 fue gastado por el ejecutivo nacional en sus programas sociales”.
La política petrolera emprendida por el gobierno de Hugo Chávez ha sido efectiva en varios aspectos: ha logrado retener para el Estado la propiedad de la empresa petrolera, ha recuperado la participación del Estado en la renta petrolera, ha reformado el marco legal para las nuevas inversiones privadas y ha logrado el repunte de los precios internacionales. A pesar de estos importantes logros, la economía venezolana permanece anclada en un modelo primario exportador que la hace estrechamente dependiente de los vaivenes del mercado mundial petrolero.  

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